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A diferencia de lo que pensamos, nuestras heridas no nos condenarán, sino que pueden salvarnos. Sólo encuentra salvación, quien acepta sus heridas ante los ojos misericordiosos de Dios.
A diferencia de lo que pensamos, nuestras heridas no nos condenarán, sino que pueden salvarnos. Sólo encuentra salvación, quien acepta sus heridas ante los ojos misericordiosos de Dios.